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Novena de Aguinaldos rezada según la tradición colombiana + Villancicos
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Oración para todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en
vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que hecho hombre en las entrañas de
una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos
los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En torno a él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo
humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y
por las tiernas lágrimas que derramó en su pesebre, que dispongáis nuestros corazones
con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para
que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.
(Se reza tres veces el Gloria al Padre)
Oración a la Santísima Virgen
(Para todos los días)
Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste
que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplico que tu misma prepares y
dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el
nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del
profundo recogimiento y divina ternura con la que guardaste tu, para que nos hagas
menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.
(Se reza nueve veces el Avemaría)
Oración a San José
¡Oh Santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias
doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones
proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el amor que tuviste al Divino
Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en
su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.
(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria).
Oración al Niño Jesús
(Para todos los días)
Acordados ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo
Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para
nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los
méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en Tí ¡Oh Jesús, que
eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.
Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.
Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia... de la cual
necesitamos tanto.
Nos entregamos a Tí ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra
esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharas
favorablemente nuestra súplica. Amén.
Aspiraciones para la venida del Niño Dios (Gozos)
Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh sapiencia suma
del Dios soberano,
que al nivel de un niño
te hayas rebajado!
¡Oh Divino Niño,
ven para enseñarnos
la prudencia que hace
verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh, Adonaí potente
que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo
disteis los mandatos!
¡Ah! ven prontamente
para rescatarnos.
Y que un niño débil
muestre fuerte brazo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh raíz sagrada
de José, que en lo alto
presentan al orbe
tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
que has sido llamado
lirio de los valles
bella flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Llave de David
que abre al desterrado
las cerradas puertas
del regio palacio!
¡Sácanos, Oh Niño,
con tu blanda mano,
de la cárcel triste
que labró el pecado!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh lumbre de Oriente
sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas
tu esplendor veamos!
¡Niño tan preciado,
dicha del cristiano,
luzca la sonrisa
de tus dulces labios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Espejo sin mancha
Santo de los santos,
sin igual imagen
del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas,
salva al desterrado
y, en forma de Niño
da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Consideraciones
Día primero
Consideración
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de
los cielos: allí era la causa, a la par que el modelo de toda creación. En esas
profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén. Allí es donde
debemos datar la genealogía del Eterno que no tiene antepasados, y contemplan la vida
de complacencia infinita que allí llevaba.
La vida del Verbo Eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa y sin embargo,
misterio sublime, busca otra morada en una mansión creada. No era porque en su
mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad sino porque su misericordia infinita
anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podría verificarse.
El pecado de Adán había ofendido a un Dios y esa ofensa infinita no podría ser
condonada sino por los méritos del mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y
merecido un castigo eterno; era pues, necesario para salvarla y satisfacer su culpa que
Dios, sin dejar el cielo, tomase la forma del hombre sobre la tierra y con la obediencia a
los designios de su Padre, expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía.
Era necesario en las miras de su amor que tomase la forma, las debilidades e ignorancia
sistemática del hombre, que creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para
morir a sus pasiones y a su orgullo y por eso el Verbo Eterno ardiendo en deseos de
salvar al hombre resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.
Día segundo
Consideración
El Verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa Casa de
Nazaret en donde moraban María y José. Cuando la sombra del secreto divino vino a
deslizarse sobre ella, María estaba sola engolfada en la oración. Pasaba las silenciosas
horas de la noche en la unión más estrecha con Dios y mientras oraba, el Verbo tomó
posesión de su morada creada.
Sin embargo, no llegó inopinadamente; antes de presentarse envió un mensajero, que fue
el Arcángel San Gabriel, para pedir a María de parte de Dios su consentimiento para la
encarnación. El Creador no quiso efectuar este gran misterio sin la aquiescencia de su
criatura.
Aquel momento fue muy solemne. Era potestativo en María el rehusar... ¡Con qué
adorables delicias. Con qué inefables complacencias aguardaría la Santísima Trinidad a
que María abriese los labios y pronunciase el Si que debió ser suave melodía para sus
oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad
divina!
La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento. El Arcángel ha desaparecido. Dios se ha
revestido de una naturaleza creada; la voluntad eterna está cumplida y la creación
completa. El Verbo se ha hecho carne, y aunque todavía invisible para el mundo, habita
ya entre los hombres que su inmenso amor ha venido a rescatar.
Día tercero
Consideración
Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y
el Santo Cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente.
Admirando en primer lugar el alma de ese divino Niño, consideremos en ella la plenitud
de su ciencia beatífica, por la cual desde el primer momento de su vida vio la divina
esencia más claramente que todos los ángeles y leyó lo pasado y lo porvenir con todos
sus arcanos y conocimientos.
Del alma del Niño Jesús pasamos ahora a su cuerpo, que era un mundo de maravillas, una
obra maestra de la mano de Dios. Quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los
niños y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y
participar en nuestras humillaciones.
La belleza de este cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás, y
la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de su
Encarneción, es la que lavó todas las manchas del mundo culpable.
Pidámosle que lave las nuestras en el sacramento de la penitencia para que el día de su
dichosa Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor
y provecho espiritual.
Día cuarto
Consideración
Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su eterna sumisión
a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno
Padre, le amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con resignación toda su debilidad,
toda su humillación, todas sus incomodidades.
¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la
razón y de la reflexión? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humillante carrera;
así empezó a anonadarse delante de su Padre; a enseñarnos lo que Dios merece por parte
de su criatura; a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados.
¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una exacta
idea, contemplado al Niño en el seno de su Madre. El Divino Niño ora y ora del modo
más excelente. NO habla, no medita, ni se deshace en tiernos efectos. Su mismo estado,
lo acepta con la intención de honrar a Dios, en su oración y en ese estado expresa
altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.
Unámonos a las adoraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos a su profundo
abatimiento, y sea éste el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios. Desaparezcamos a
nuestros propios ojos, y que Dios sea todo para nosotros.
Día quinto
Consideración
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre;
veamos hoy la vida que lleva también María durante el mismo espacio de tiempo.
María no cesaba de aspirar el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre, la
faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el
cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos
rayos debería esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a verle en la
ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la
serenidad reflexiva de la edad madura.
Tal era la vida de expectativa de María! Era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba
de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús
residiendo en María, sino pensamos que en nosotros también reside por esencia, potencia
y presencia.
Día sexto
Consideración
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y María, y allí era de creerse
que había de nacer, según todas las probabilidades. Más Dios lo tenía dispuesto de otra
manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad
de David.
Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener
ninguna relación con este objeto, a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que
todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran
originarios. María y José como descendientes que eran de David, estaban obligados a ir a
Belén.
No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a
la Providencia, y que de esta manera concurran a la ejecución de sus designios. Almas
interiores, observad este manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida
espiritual: aprended que el que se haya entregado a Dios ya no ha de pertenecer a sí
mismo, ni ha de querer si no lo que Dios quiera para él.
Día séptimo
Consideración
Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo aún no nacido,
al creador del universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia de ese
Divino Niño, que aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con
una predilección inexplicable obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de
población de su provincia, como si hubiese para él en esa circunstancia algo que le
halagase, y quisiera apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y
auténticamente como súbdito en el momento en que venía al mundo.
El anhelo de José, la expectativa de María son cosas que no puede expresar el lenguaje
humano. El Padre Eterno se halla, si nos es lícito emplear esta expresión, adorablemente
impaciente por dar a su hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas
visibles.
El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa santa humanidad, que El
mismo ha formado con divino esmero.
Día octavo
Consideración
Llegan a Belén José y María buscando hospedaje en los mesones, pero no encuentran, ya
por hallarse todos ocupados, ya porque se les deshace a causa de su pobreza. Empero,
nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios.
Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en
María y en el Niño, sonreíase también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en
su casta esposa. El ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una dulce melodía
para sus oídos.
Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había
contribuido a hacerle tomar la forma humana. Oh! Divino Niño de Belén! Estos días que
tantos han pasado en fiestas y diversiones o descansando muellemente en cómodas y
ricas mansiones, ha sido para vuestros padres un día de fatiga y vejaciones de toda clase.
¡Ay! el espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios.
¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro!
Pónese el sol el 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran
la cima de las rocas escarpadas que lo rodean. Hombres groseros, codean rudamente al
Señor en las calles de aquella aldea oriental y cierran sus puertas al vera a su Madre.
La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas
por los pastores. Las estrellas van apareciendo unas tras otras. Algunas horas más y
aparecerá el Verbo Eterno
Día noveno
Consideración
La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y
viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población, y se han
refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los
Ángeles el jumento que le había servido de cabalgadura durante el viaje y en aquella
cueva hallaron un manso buey, dejado ahí probablemente por alguno de los caminantes
que había ido a buscar hospedaje en la ciudad.
El Divino Niño, desconocido por sus criaturas va a tener que acudir a los irracionales
para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y le
manifiesten con esto su humilde actitud, el respeto y la adoración que le había negado
Belén. La rojiza linterna que José tenía en la mano iluminaba tenuemente ese pobrísimo
recinto, ese pesebre lleno de paja que es figura profética de las maravillas del altar y de la
íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María
está en adoración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las horas de
esa noche llena de misterios. Pero ha llegado la media noche y de repente vemos dentro
de ese pesebre antes vacío, al Divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro
mil años con tan inefables anhelos. A sus pies se postra su Santísima Madre en los
transporte de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le
rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imperturbable oficio de padre
putativo del redentor de los hombres.
La multitud de ángeles que descienden del cielo a contemplar esa maravilla sin par, deja
estallar su alegría y hace vibrar en los aires las armonías de esa "Gloria in Excelsis", que
es el eco de adoración que se produce en torno al trono del Altísimo hecha perceptible
por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los
pastores de la comarca a adorar al "recién nacido" y a prestarle sus humildes ofrendas.
Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob; y ya se pone en marcha hacia Belén la
caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a
los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolos de la caridad, de
la oración y de la mortificación. Oh, adorable Niño! Nosotros también los que hemos
hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros
nuestra pobre adoración; no la rechacéis: venid a nuestras almas, venid a nuestros
corazones llenos de amor.
Encended en ellos la devoción a vuestra Santa Infancia, no intermitente y sólo
circunscrita al tiempo de vuestra Navidad sino siempre y en todos los tiempos; devoción
que fiel y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y
sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas. (Todo lo demás como el día primero)
Villancicos
¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo,
pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas
con suave cayado
ya la oveja arisca,
ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Ábranse los cielos
y llueva de lo alto
Bienhechor rocío,
como riego santo!
¡Ven hermoso Niño!
Ven Dios humanado
luce, hermosa estrella,
brota flor del campo.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Ven que ya María
previene sus brazos
do su niño vean,
en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José,
con anhelo sacro,
se dispone a hacerse
de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Del débil auxilio
del doliente amparo,
consuelo del triste,
luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
mi dueño adorado,
mi constante amigo,
mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Véante mis ojos,
de ti enamorados!
Bese ya tus plantes,
bese ya tus manos!
Prosternado en tierra
te tiendo los brazos,
y aún más que mis
frases
te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Ven, Salvador nuestro,
por quien suspiramos,
Ven a nuestras almas,
ven no tardes tanto!
Campanas de Belen
Zagalillos
Salve Reina y Madre
Los peces en el rio
Dulce Jesus Mio
En el portal de Belén
Vamos Vamos Pastorcitos
A la Nanita Nana
Recetas Colombianas para Navidad
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RECETA DE PARA PREPARAR NATILLA COLOMBIANA
INGREDIENTES
Para 8 a 10 porciones.
• 2 litros de leche
• 2 tazas de fécula de maíz (Maizena)
• ½ libra de azúcar blanca
• 4 astillas de canela
• 2 cucharadas de mantequilla
Opcional
• Dulce de moras
• Arequipe
• Canela en polvo
PREPARACIÓN
1. Se pone a hervir a fuego lento el azúcar con con 1½ litro de leche y se le va sacando la espuma que se va formando.
2. Aparte, se disuelve la fécula de maíz en el ½ litro de leche restante, y se le agrega a la olla junto con la mantequilla y la
canela.
3. Se revuelve la mezcla lentamente y luego de 10 minutos se saca un poco con una cuchara y se pone en un plato. Si
está compacta y no se pega al plato, retire la olla del fuego y deje enfriar.
El dulce de moras
1. Se ponen las moras (lavadas y sin hojas) en una olla a fuego lento.
2. Se agrega una cucharada de azúcar.
3. Se deja cocinar hasta que el jugo de las moras esté espeso.
NOTAS
• El dulce de moras, el arequipe y/o la canela se le agregan a la natilla cuando haya enfriado.
• Esta receta es para preparar natilla blanca.
• La natilla se acompaña tradicionalmente con buñuelos.
RECETA PARA PREPARAR BUÑUELOS COLOMBIANOS
INGREDIENTES
Para 8 porciones.
• 5 tazas de queso blanco
• 2 tazas de harina de maíz (Maizena)
• 4 huevos
• 2 cucharadas de azúcar
• Aceite vegetal o de girasol
PREPARACIÓN
1. Se muele el queso y se amasa bien con los demás ingredientes.
2. Se arman las bolas, con un diámetro aproximado de 10 a 15 cm.
3. Se fritan en el aceite hasta que estén dorados.
4. Cuando estén listos, se ponen sobre un pedazo de papel de cocina para que escurra el aceite excesivo.
RECETA PARA PREPARAR AREQUIPE COLOMBIANO
• 1 tarro de leche condensada.
• Agua.
PREPARACIÓN
1. Se quitan las etiquetas del tarro y se mete en una olla.
2. Se llena la olla de agua para que cubra el tarro, y se pone a fuego medio por 1 hora y media o 2 horas (ver notas),
agregando más agua a medida que se vaya evaporando, para mantener el tarro cubierto.
3. Una vez retirada la olla del fogón, se deja reposar hasta que baje la temperatura.
4. Se abre el tarro y se vierte el contenido en un recipiente con tapa.
NOTAS:
• Deje enfriar el arequipe antes de meter a la nevera.
• Entre más tiempo se deje hervir el agua con el tarro de leche condensada, más se carameliza el dulce.
Arroz con leche.
RECETA PARA PREPARAR ARROZ CON LECHE COLOMBIANO
INGREDIENTES
Para 12 porciones.
• 2 tazas de arroz crudo
• 12 tazas de leche
• ½ taza de azúcar
• 1 taza de leche condensada
• 1 cucharadita de esencia de vainilla
Opcional
• 6 astillas de canela
• Canela en polvo
• Uvas pasas
PREPARACIÓN
1. Se pone a hervir la leche (con las astillas de canela, si se desea).
2. Cuando hierva, se le agrega el arroz y se baja el fuego al mínimo.
3. Se deja cocinar hasta que el arroz esté casi listo y haya absorbido la leche, revolviendo la mezcla continuamente.
4. Aparte, se mezcla la leche condensada con la esencia de vainilla, y luego se vierte esta mezcla en la olla con el arroz.
5. Se revuelve hasta que seque un poco la leche condensada.
6. Se vierte la mezcla en un recipiente redondo (y se le añade la canela en polvo y/o las uvas pasas) y se deja enfriar.
RECETA PARA PREPARAR MANJAR BLANCO
2 litros de leche.
1 libra de azúcar.
1 1/2 tazas de maizena.
3 cucharadas de mantequilla.
Canela al gusto (en astillas).
Preparación
Coloque al fuego 1 1/2 litros de leche con el azúcar y utilice el otro medio litro de leche para disolver la maicena. Cuando
la leche esté hirviendo añada la maicena disuelta y revuelva durante 10 minutos.
Aparte, deje hervir la canela en un poco de agua y cuando suelte agréguela al batido junto con la mantequilla. De nuevo
revuelva durante 10 minutos, vacie en bandejas y cúbralas con canela en polvo.
RECETA PARA PREPARAR ABORRAJADOS
Ingredientes
* 2 plátanos hartones maduros
* 2 huevos
* 2 cucharadas de leche
* 4 cucharadas de harina de trigo
* 1 cucharadita de azúcar queso campesino partido en cubos aceite para freír
Preparación
1. Pele y parta los plátanos en trozos que no sean muy grandes. Fríalos en el aceite caliente hasta que estén ligeramente
dorados, retire, escurra en papel toalla y aplánelos con la piedra hasta que queden delgados, pero no demasiado.
2. Forme una especie de sandwich con dos patacones y el queso en el centro. Presione los bordes.
3. Aparte, bata los huevos como para tortilla, adicione la leche y mezcle. Gradualmente añada la harina y el azúcar. Mezcle
hasta que la preparación tenga una consistencia cremosa.
4. Pase los sandwiches de plátano por la preparación anterior cubriendo todos los lados, y fríalos en aceite caliente hasta
que estén dorados. Escúrralos en papel toalla . Sírvalos bien calientes.
RECETA PARA PREPARAR AJIACO SANTAFEREÑO
INGREDIENTES
16 Tazas de agua (pueden sustituirse 4 tazas de agua por 4 de leche).
1 Libra (500 gr.) de papas criollas, peladas y cortadas en rodajas.
2 Libras (1 Kg.) de papa sabanera pelada y cortada en rodajas.
1 1/2 Libras (750 gr.) de papas sabaneras, peladas y cortadas en rodajas.
3 Libras (1 1/2 Kg.) de pechugas de pollo (o dos pollos despresados).
4 Mazorcas tiernas, partidas en trozos.
3 Tallos de cebolla larga.
4 Dientes de ajo triturados.
1 Ramo de Guascas.
1 Rama de cilantro.
1 1/2 Tazas de crema de leche.
1 Taza de alcaparras.
4 Aguacates medianos, partidos.
Sal y pimienta al gusto.
PREPARACIÓN
El ajiaco bogotano se prepara de diferentes maneras, generalmente con los mismos ingredientes en distintas
proporciones, aunque se puede cambiar el pollo por carne de res.
Se ponen las pechugas (o las presas de pollo), las papas, la cebolla larga, sal y pimienta a cocinar en el agua y la leche
mezclados, durante unos 45 minutos o 1 hora (hasta que las carnes estén blandas y las papas criollas y sabaneras
disueltas). Se sacan las pechugas (o las presas) y la cebolla. Al caldo se le agregan las mazorcas, que se han cocinado
aparte, y se deja conservar a fuego lento hasta lograr la densidad deseada. Se le añaden las guascas 5 minutos antes de
servirlo.
Si el pollo se va a servir deshuesado y deshilachado, se agrega al ajiaco en el momento de servirlo o también hay quien lo
prefiere aparte. Si las presas van enteras, se sirve una porción en cada plato. También se pueden servir las carnes
deshilachadas mezcladas con la crema, pues quedan con mejor apariencia.
Este apetitoso plato se acompaña con ají de aguacate, ají de hierbas o simplemente con tajadas de aguacate. Las
alcaparras y la crema de leche se sirven aparte y cada comensal se sirve a su gusto.
Las mazorcas se sirven enteras o desgranadas con el ajiaco o si se prefiere, aparte.

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